Una de las rutinas que no debemos descuidar es la tarea de desmaquillarnos. Si eres de las que apuestas por las esponjas desmaquillantes para ello, vamos a darte unas pautas para que las mantengas en perfecto estado y así no estropees tu piel.
Las esponjas desmaquillantes son una alternativa ecofriendly a las toallitas y los discos de algodón. Anteriormente el uso de la esponja estaba destinado a la retirada de mascarillas faciales. Pero, en la actualidad su uso se ha ampliado debido a los múltiples beneficios que aporta a nuestra piel, y por ser un método nada agresivo.
Te maquilles o no es muy aconsejable por el bienestar de tu piel que utilices la esponja desmaquillante cada noche. ¿Cómo? Te lo explicamos:
- El primer paso es humedecer la esponja, para ablandarla y que su tacto sea más suave. Cuando se encuentra en seco su tacto es áspero y demasiado rígido para deslizarla por nuestro cutis.
- Aplica un poco de tu producto desmaquillante en la esponja. No es necesario que utilices mucho producto, gracias a su textura.
- Utilízalo en tu cutis realizando movimientos ascendentes y ve aclarándola a medida que vas retirando el producto.
- Para acabar, utiliza un tónico hidratante que refresque tu piel.
- ¡No olvides limpiar tu esponja después de cada uso! Con un poquito de jabón de manos es suficiente. Después, déjala secar hasta la próxima vez que la utilices.
Un último consejo: las esponjas desmaquillantes nos ayudan a no generar residuos de la forma en que lo hacemos con toallitas o discos, pero… ¡también hay que cambiarlas! Ya que al estar humedecidas tanto tiempo, acumulan bacterias. Depende del uso que hagas de las mismas te recomendamos cambiarlas en un periodo de entre 1 y 3 meses.
¿A qué esperas para empezar a probar los beneficios de las esponjas desmaquillantes? Seguro que no te arrepentirás 😉



